viernes, 25 de septiembre de 2009


Un hombre estaba muy enfermo y probó todo tipo de remedios, pero nada le ayudaba. Entonces fue a un hipnotizador y éste le dio un mantra para repetir continuamente: «No estoy enfermo.» Al menos durante quince minutos por la mañana y quince minutos por la noche: «"No estoy enfermo, es­toy sano." Y todo el día, siempre que se acuerde, repítalo.» En po­cos días empezó a sentirse mejor. Y en unas semanas estaba per­fectamente bien.
Entonces le dijo a su esposa: «¡Ha sido un milagro! ¿Crees que debería volver al hipnotizador por otro milagro? Porque última­mente no siento apetito sexual y la relación sexual casi ha desapa­recido. No hay deseo.»
Su esposa se sintió feliz. Dijo: «Sí, vete», porque se había sen­tido muy frustrada.
El hombre fue al hipnotizador. Cuando volvió, su esposa le preguntó: «¿Qué mantra, qué sugerencia te ha dado ahora?» El hombre no quería decírselo. Pero en pocas semanas su apetito se­xual empezó a volver. Empezó a sentir deseo de nuevo. Su espo­sa estaba muy desconcertada. Seguía preguntándole continua­mente, pero el hombre se reía y no le decía nada. Así que un día, cuando él estaba en el cuarto de baño por la mañana haciendo su meditación, esos quince minutos de mantra, ella intentó oír lo que decía. Y lo que decía era: «No es mi mujer. No es mi mujer. No es mi mujer.»




Fuente: El libro de la mujer "Sobre el poder de lo femenino". Osho